Un contrato mal redactado no falla el día que se firma. Falla dos años después, cuando hay dinero de por medio y las partes ya no se llevan igual. Para entonces el margen de maniobra es mínimo y el costo, alto.
Estos son los puntos donde más se rompe.
1. No define quién es dueño de lo que se crea
Es el error más caro en negocios creativos y de tecnología. Si contratas a un diseñador, un desarrollador o una agencia y el contrato no incluye una cesión expresa de derechos patrimoniales de autor, los derechos pueden no ser tuyos aunque hayas pagado.
Lo que debe decir el contrato:
- Cesión expresa de derechos patrimoniales a favor de la empresa.
- Alcance: territorio, plazo y modalidades de explotación.
- Que la cesión cubre también las versiones intermedias y los archivos fuente.
- Entrega de archivos editables, no solo del resultado final.
Esto aplica igual a empleados. La regla de obra por encargo no siempre opera como la gente supone, y una cláusula clara evita la discusión.
2. No dice qué pasa cuando se termina
Un contrato sin cláusula de terminación deja a las partes atadas o, peor, en un limbo. Debe establecer:
- Causas de terminación anticipada y con cuánta anticipación se avisa.
- Qué se devuelve: información, materiales, accesos.
- Qué obligaciones sobreviven: confidencialidad, no competencia, propiedad intelectual.
- Cómo se liquidan los pagos pendientes.
3. Confunde confidencialidad con exclusividad
Un acuerdo de confidencialidad protege información. No impide que la contraparte trabaje con tu competencia, no le prohíbe contratar a tu gente y no le cede propiedad intelectual. Si quieres eso, se pacta aparte y de forma expresa.
4. Define mal el objeto
"Servicios de consultoría" no es un objeto contractual útil. Cuando hay desacuerdo sobre si algo estaba incluido, la vaguedad siempre favorece a quien tiene menos que perder.
Un objeto bien redactado dice qué se entrega, en qué formato, en qué plazo y bajo qué criterio se considera aceptado.
5. No prevé el incumplimiento
Un contrato sin consecuencias es una carta de buenas intenciones. Conviene incluir penas convencionales, intereses moratorios y un mecanismo de solución de controversias con jurisdicción y ley aplicable definidas.
Si hay partes en distintos países, este punto deja de ser accesorio.
6. Lo firma quien no puede firmarlo
Que alguien tenga un cargo importante no significa que tenga facultades. Antes de firmar conviene verificar poderes: acta constitutiva, poder notarial vigente, alcance de las facultades y monto autorizado.
Un contrato firmado por quien carecía de facultades es un problema que aparece justo cuando quieres ejecutarlo.
7. Se usa una plantilla de internet
Las plantillas genéricas suelen estar redactadas para otra jurisdicción, con figuras que no existen en México o con cláusulas que aquí serían inoperantes. Y casi nunca contemplan lo específico de tu operación, que es exactamente donde surge el conflicto.
Qué revisar antes de firmar cualquier cosa
- Quién firma y con qué facultades.
- Qué se entrega exactamente y cuándo.
- Quién es dueño de lo que se crea.
- Qué pasa si alguna parte quiere salirse.
- Qué obligaciones siguen vivas después del término.
- Dónde y bajo qué ley se resuelve un desacuerdo.
Revisión antes, no después
Revisar un contrato antes de firmarlo cuesta una fracción de lo que cuesta discutirlo después. En Molsam elaboramos y revisamos contratos con enfoque en propiedad intelectual: nos aseguramos de que lo que construyes quede a nombre de quien debe.
Si tienes un contrato sobre la mesa, mándanoslo y lo revisamos antes de que lo firmes.