Cuando llegué a México no conocía absolutamente a nadie. Tenía, eso sí, una meta muy clara: quería trabajar con los mejores abogados de marcas del país.
No tenía contactos, ni red, ni nadie que me presentara. Lo que venía después era previsible: muchos correos sin respuesta.
Lo que hice en lugar de esperar
El director de mi carrera me dio un consejo sencillo: escríbele a los profesores que dan la materia. Lo tomé, y decidí ir un paso más allá.
Me metí a internet, busqué los listados de los mejores abogados en registro de marcas de todo México, entré a sus páginas una por una, rastreé sus correos y les escribí directamente pidiéndoles trabajo. En frío, sin palancas y sin intermediarios.
La mayoría no contestó. Algunos sí. Y con eso bastó.
Lo que aprendí, y que sigo usando
El rechazo no es un diagnóstico. Un correo sin respuesta casi nunca significa que no sirvas; significa que esa persona estaba ocupada ese día. La diferencia la hace seguir enviando.
Ser específica funcionó mejor que ser impresionante. No mandé un currículum genérico: escribí sobre su trabajo, sobre esa materia concreta, sobre lo que quería aprender.
No se necesita permiso para empezar. Es fácil pensar que primero hay que conocer a alguien. En la práctica, casi siempre se puede escribir directamente.
Por qué lo cuento
Porque la misma lógica aplica a quien está levantando un negocio. Mucha gente espera a tener la estructura perfecta, el momento adecuado o el contacto correcto para dar el primer paso. Y mientras espera, no registra su marca, no firma sus contratos, no ordena lo suyo.
Yo llegué sin conocer a nadie y hoy dirijo un despacho que acompaña a empresas en proteger lo que construyen. No fue por tener la red indicada. Fue por escribir el correo que nadie me garantizaba que sería contestado.
Si estás en ese punto con tu proyecto, escríbenos. Aquí sí contestamos.