Ayer vi El diablo viste de la moda 2 y salí con una idea muy clara: esta ya no es solo una película sobre moda… es un manual de entretenimiento sobre cómo funciona la propiedad intelectual en el mundo real.Desde el primer minuto, todo lo que aparece en pantalla tiene una segunda capa: nada es casual, todo está negociado. Las marcas como Dior, Prada o Tiffany & Co. no están ahí solo para “vestir” a los personajes, sino como activos jurídicos vivos estratégicos dentro del storytelling.
Cada joya, cada bolsa, cada runway scene funciona como un contrato visual entre reputación de la marca, derechos de uso y posicionamiento global. Y en ese sentido, la película deja de ser solo narrativa para convertirse en el gran intermediario: el product placement ya no es publicidad tradicional, es arquitectura legal de imagen.
El cast expandido me encantó, la aparición de Lady Gaga y Donatella Versace refuerza algo clave: las personas también son marcas, y su imagen es un activo que se licencia, se negocia y se protege con precisión.
Uno de los momentos más interesantes fue cuando Andy Sachs (Anne Hathaway), negocia un acuerdo de 350,000 dólares para escribir un libro tell-all sobre Miranda Priestly (Su jefa). Ahí no solo hay narrativa: hay derechos de autor, control de reputación y monetización de la historia personal.
Y Emily Charlton lo lleva aún más lejos. Como ejecutiva vinculada al universo Dior, su negociación exige “6 páginas en la revista, presencia constante de la marca en las fotografías y un review editorial de su nueva tienda". No es ego, es estrategia de posicionamiento protegida por acuerdos.
Definitivamente, la verdadera trama de la película no es el drama entre personajes. Es la batalla silenciosa entre marcas, medios y personas. Las revistas necesitan a las firmas para sobrevivir, y las firmas necesitan a las revistas para existir en la mente del consumidor. Una relación tensa, perfectamente estructurada y profundamente legal.
Y en ese ecosistema, la propiedad intelectual no está en segundo plano… es el verdadero protagonista.
¿Ya la vieron? Los leo.
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