Una marca nueva suele anunciarse sola. En cuanto una empresa presenta la solicitud, el expediente se publica y cualquiera que vigile las bases de datos puede deducir qué producto viene en camino.
Apple lleva años resolviendo ese problema con una maniobra que es completamente legal y que casi nadie en México aprovecha.
La jugada
En lugar de presentar primero en su mercado principal, registra la marca en un país pequeño —Liechtenstein, por ejemplo— cuyos registros no suelen estar indexados en las bases de datos globales que la prensa y la competencia monitorean.
Meses después presenta en el resto de los países. Y aquí está la pieza clave: no pierde su lugar en la fila.
El derecho de prioridad
El Convenio de París reconoce un derecho de prioridad. Quien presenta una solicitud de marca en un país miembro cuenta con seis meses para presentarla en los demás invocando esa primera fecha.
El efecto práctico es considerable: aunque la solicitud mexicana se presente cinco meses después, se le reconoce la fecha de la primera. Cualquier tercero que haya solicitado el mismo signo en ese intervalo queda detrás.
Y eso importa porque, en México, la fecha de presentación determina la prelación frente a terceros (artículo 220 de la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial). El derecho de prioridad no es un tecnicismo: es ganar meses sin perder el turno.
Para patentes el plazo de prioridad es de doce meses; para marcas y diseños industriales, de seis.
Qué se lleva de aquí una empresa que no es Apple
No hace falta registrar en Liechtenstein. Lo aprovechable es otra cosa.
- Presentar antes de anunciar. La solicitud fija tu lugar en la fila. El anuncio, en cambio, avisa a todo el mundo —incluido quien podría adelantarse.
- Usar la prioridad si vas a exportar. Si presentas en México y planeas vender fuera, tienes seis meses para extenderla a otros países conservando tu fecha. Es tiempo para cerrar el plan comercial sin perder la prelación.
- No divulgar antes de tiempo lo que requiere novedad. Para patentes y diseños industriales, enseñar el producto antes de solicitar puede destruir el derecho.
El error inverso, que sí veo seguido
Lanzar la campaña, abrir las redes, imprimir empaques y después ir al IMPI. Para entonces el nombre ya circuló, y basta con que alguien lo haya presentado un día antes para que todo ese esfuerzo quede construido sobre un signo ajeno.
No es un riesgo teórico. Es, en nuestra experiencia, la forma más común de perder un nombre.
Si estás por lanzar algo, escríbenos antes del anuncio: el estudio de viabilidad es sin costo.